La puesta en escena de la Regasificadora del Pacífico, prevista para noviembre de 2026, constituye una fuente adicional de abastecimiento de gas natural para respaldar la confiabilidad energética del país. Su entrada en operación apuesta por fortalecer la seguridad energética desde el suroccidente colombiano, en un contexto marcado por la pérdida de autosuficiencia gasífera y el riesgo de racionamiento eléctrico asociado al fenómeno de El Niño. 

Contar con una regasificadora en el suroccidente de Colombia no es un logro menor. La instalación de una infraestructura de esta categoría estuvo precedida por intentos fallidos alrededor de la creación de un gasoducto entre Buenaventura -Yumbo. En efecto, el desafío de su construcción no solo implica el proceso de adelantar la consulta previa con aproximadamente 90 comunidades que se estima habría a lo largo del proyecto, a eso se suma los retos de construir infraestructura energética atravesando tres cordilleras con todos los tesoros arqueológicos y fallas geológicas que pueden aparecer.

Ahora bien, tampoco son menos relevantes los retos que enfrenta la operación terrestre alrededor de la regasificación del gas natural licuado -GNL-. En general, la regasificación consiste en importar y transportar el gas natural en estado líquido a muy bajas temperaturas – aproximadamente a -162 grados-, para almacenarlo en una unidad flotante -FSU-y luego llevarlo a un estado gaseoso, mediante el incremento de la temperatura, e inyectarlo al Sistema Nacional de Transporte- SNT. El proceso de convertir ese gas natural en estado líquido a gaseoso puede hacerse en agua o tierra. 

En el caso de la Regasificadora del Pacífico, el proceso ocurre en tierra. Esto  implica contar con unos isocontenedores criogénicos para almacenar y transportar el gas por tractocamiones desde la Bahía de Buenaventura hasta la planta de regasificación ubicada en Buga- Valle del Cauca. De esa manera, algunos de los principales retos  se enmarcan en el hecho de una vía única para su transporte, en los derrumbes propios de la carretera por sus particularidades geológicas y en eventuales alteraciones de orden público.  

Estos elementos muestran que la seguridad energética no depende únicamente de contar con una nueva fuente de abastecimiento. También exige infraestructura, logística, coordinación institucional, gestión de riesgos y reglas claras para que el gas pueda llegar oportunamente a quienes lo necesitan.

Al margen de esos retos logísticos y operativos, que se esperan sean sorteados con una buena articulación público-privada, la Regasificadora del Pacífico, con una capacidad inicial de 60 millones de pies cúbicos día -MMpcd- y la posibilidad de alcanzar hasta 180 MMpcd-, representa aproximadamente el 6% de la demanda nacional de gas natural, lo que contribuiría a diversificar las fuentes de abastecimiento de gas natural y a reducir las vulnerabilidades regionales. 

Sin duda, la regasificadora es un proyecto valioso para la seguridad energética del país. Su operación entra a complementar  la de la Sociedad Portuaria  el Cayao -SPEC GNL-, que ha desempeñado un papel determinante en el abastecimiento de gas importado para respaldar la generación termoeléctrica. Su entrada en operación adquiere especial relevancia en un momento en el que XM, el operador del mercado, advierte sobre el riesgo de no atender de manera segura y confiable la demanda de energía eléctrica en abril de 2027, de no adoptarse las medidas necesarias.

En ese contexto, el valor agregado de la Regasificadora del Pacífico no debe reducirse a la incorporación de una nueva infraestructura de importación de gas. Su valor también está en ampliar las alternativas del sistema en un momento en el que la seguridad energética exige algo más que disponibilidad de recursos: requiere infraestructura, coordinación institucional, reglas claras y una adecuada gestión de los riesgos que pueden afectar la continuidad del abastecimiento.